Bullying: Qué hacer con los agresores

Se trabaja para que el joven identifique sus emociones

 

“Muchos de los niños agresores vienen de familias disfuncionales, donde los padres son autoritarios y ejercen la violencia física o emocional. Entonces, al practicar el bullying sobre sus compañeros, están reeditando la conducta de sus padres y descargando su ira en el colegio. En estos casos se trabaja para que el joven identifique sus emociones y sea capaz de expresarlas verbalmente”, agrega la especialista.

 

Los adolescentes que cometen las agresiones también deben recibir atención espe cializada. Pamela Encina explica que “muchos de ellos vienen de familias disfuncionales, donde los padres son autoritarios y ejercen la violencia física o emocional. Entonces, al practicar el bullying sobre sus compañeros, están
reeditando la conducta de sus padres y descargando su ira en el colegio. Expresan
conflictos internos producto de angustias y depresiones en algunos casos. Entre estos niños maltratadores hay quienes también sufren problemas de personalidad. Por eso es importante delimitar la causa que los lleva a ejercer la agresión como forma de relación con los pares. En estos casos se trabaja para que el joven identifique sus emociones y sea capaz de expresarlas verbalmente. En la medida en que sea consciente de lo que siente y capaz de expresarlo podrá entender lo que le sucede y tendrá un mayor autocontrol”.

 

La profesional insiste en la necesidad de trabajar también en estos casos con las familias, “porque detrás de un niño agresor hay en muchos casos un niño que está sufriendo. En algunos casos es crucial que los padres estén abiertos para aceptar que su hijo está agrediendo a otros compañeros y que muchas veces tienen poco control de los adolescentes, siendo permisivos con las reacciones agresivas que sus hijos pueden manifestar”.

 

Si no hay intervención, agrega, “los adolescentes agresores se acostumbran a establecer relaciones basadas en el abuso de poder. Se produce una relación que puede llegar a ser patológica entre la víctima y el victimario, la que es amparada por el secreto, la dependencia y el miedo al ridículo por parte de la víctima, y la impunidad por parte del agresor’’.

 

... y con los espectadores o testigos del abuso

 

Por último, Pamela Encina llama a no olvidar a quienes actúan como espectadores de las agresiones y contemplan situaciones que reconocen injustas sin intervenir. A estos jóvenes se les pueden trastocar valores como la solidaridad, la lealtad, la confianza y el respeto con sus pares. “El no hacer nada es hacer algo. Por eso es importante que los padres también sepan si sus hijos han presenciado una agresión entre compañeros de curso o si un compañero es agredido frecuentemente. Deben indagar si sus hijos han hecho algo para frenar esta situación, porque al no decir nada están reforzando esta conducta violenta”, aclara.

 

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