Fiebre tifoidea

Es prevenible por medio de la higiene y la vacunación

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Aunque se trata de una enfermedad endémica, su presencia ha evolucionado a la de una endemia baja. La bacteria salmonella typhis, responsable de la patología.

En Chile, hacia fines de 1800, la fiebre tifoidea y el tifus exantemático solían confundirse. Ambas patologías, aunque son infectocontagiosas, no contaban oficialmente con una clara definición de síntomas que permitiera diferenciarlas con claridad y así distinguirlas con precisión. La epidemia de tifus exantemático -enfermedad transmitida por el piojo y vinculada a la suciedad y a la hambruna- que se presentó en el país en 1918, permitió que se lograra una real diferenciación.
Ya identificadas ambas enfermedades y terminada la epidemia de tifus exantemático, un año después, en 1919, sobrevino una nueva crisis sanitaria. La fiebre tifoidea comenzó a registrar una morbilidad mayor a otras patologías de la época, como eran la viruela o la escarlatina. De los más de dos mil contagiados, el 20% falleció. En los años sucesivos, la fiebre tifoidea, enfermedad infecciosa endémica, registró cifras de morbilidad que variaron entre 50 y 80 personas por cada 100 mil habitantes. Para 1950, la utilizacón de "cloranfenicol" en el tratamiento de la infección ayudó a que la morbilidad descendiera.
Sin embargo, a fines de la década del '70 se registró una epidemia que registró su peack en 1978 con más de 13.000 casos. A pesar de esta gran cifra, la morbilidad disminuyó, siendo la edad promedio de los afectados de 15,5 años. En 2006, la fiebre tifoidea marcó una baja histórica: 78 casos en Santiago.
Esa baja sostenida en la incidencia de casos y, por lo mismo, en la tasa de morbilidad, se debió en gran medida a las estrictas medidas sanitarias que se adoptaron, entre las que se cuentan el aumento de la cobertura de agua potable y alcantarillado en las áreas urbanas, la realización de campañas de educación sanitaria, la prohibición del uso de aguas servidas en el cultivo de frutas y hortalizas, y la vacunación antitífica. Todas ellas ayudaron a que la epidemia que se presentó entre 1986 y 1991 descendiera bruscamente el número de casos.
Gracias a la intervención de la autoridad sanitaria que tenía por objetivo controlar la trasmisión del cólera (vibrio cholerae) en el país, se prohibió, entre otras medidas, la venta de verduras crudas para consumo en la vía pública y la cloración de canales de riego. También se fomentaron las campañas masivas de higiene y lavado de manos. Así, la fiebre tifoidea casi desaparece de nuestro país.

Síntomas

Los síntomas característicos de la fiebre tifoidea son fiebre alta y persistente, decaimiento importante, cefalea, diarrea y compromiso del estado general.
Gracias a las medidas de saneamiento básico, manejo y manipulación de alimentos, lavado de verduras y manos, y control de las aguas servidas, se logró una importante reducción de los casos de ocurrencia de estas enfermedades, disminuyendo además los riesgos de morbilidad, complicaciones y mortalidad asociados.

"Es necesario, sin embargo, mantener las medidas (a pesar de prácticamente no tener casos de esta enfermedad) y así evitar que los grupos de mayor riesgo contraigan esta enfermedad, con mayor peligro de complicaciones", explica la doctora Claudia Ríos, experta en Salud Pública.

 

   
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